miércoles, 18 de febrero de 2009

Capítulo 16. Alcalde durante un minuto


Esta tarde he visitado el Ayuntamiento de Málaga. La primera impresión que tuve fue la extrañeza, pues no veía el cuadro del rey por ningún lado, después nos contaron que por unos privilegios reales el Salón no lo preside la efigie de nuestro monarca sino el escudo malacitano bajo un dosel dorado. Después de las explicaciones de los títulos de la ciudad y del funcionamiento regular del Pleno, no pude evitar el sentarme en el sillón del Alcalde.
¿Qué sentí? La verdad es que nada, ningún sentimiento de superioridad, ni de diferencia. No sentí nada. ¿Será que la singularidad no la dará el sitio?¿Será que los alcaldes o cargos políticos son igual que el resto de mortales? No lo sé, si llego algún día a alcalde lo descubriré, pero me da a mi que nunca podré contestar a estas preguntas.

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