
Dios hizo el mundo en una semana y en el séptimo día descansó. Yo he vivido como nunca en una semana y en el séptimo día descansaré.
Málaga ha sido una de las ciudades que recordaré durante años, no por su monumentalidad o belleza sino por las experiencias que me he traido de allí. No olvidaré sus paseos, ni sus largas habitaciones de charlas y confidencias, sus comidas preparadas y del Pimpi; sus risas y complicidades, sus discotecas y sus diversiones. Gracias a todas por esta semana donde la vida se ha condensado en tan pocos días, donde el Quetzal de Carmen, el jacuzzi de Rocío, los ojos de Marta y la convivencia con Eu han sido las joyas de esas coronas que adornaron las mejores cabezas de la CEA. Gracias a Esther y ese cerrar de objetivo, a Marta Pimentel y su alegría (aunque me tiraste el cubata), a Anita por sus anécdotas, a Sol por alumbralo todo, a Raquel y sus medias únicas en España, a Laura y sus palabras amables, a Marta Fernández y a su compañía, a Macarena y su cara de estoy muriéndome, a Rebe por sus varitas mágicas, a Vero y sus oposiciones y a la piñata que encerraba el amor que siento por vosotras.
Gracias a todas.
PD: Una de las mejores fiestas de mi vida.