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viernes, 26 de noviembre de 2010

Capítulo 130. El último cuadro de Sorolla.

"La señora de Pérez de Ayala"

“Una fina y templada mañana madrileña del mes de julio, en su jardín, Sorolla pintaba el retrato de mi mujer, observándole yo, a su lado. Éramos los tres solos, bajo una pérgola enramada. Levantóse una vez y se encaminó hacia su estudio. Subiendo los escalones, cayó. Acudimos mi mujer y yo en su ayuda, juzgando que había tropezado. Le pusimos en pie, pero no podía sostenerse. La mitad izquierda del rostro se le contenía en un gesto inmóvil, un gesto aniñado y compungido, que inspiraba dolor, piedad, ternura. Comprendimos la dramática verdad; la cuerda, extremadamente tirante, se había quebrado. (Sorolla sentía el pavor y el presentimiento de la parálisis; años antes había padecido un amago). Aun así y todo, rebelde contra la fatalidad que ya le había asido con su inexorable mano de hierro, Sorolla quiso seguir pintando. En vano procuramos disuadirle. Se obstinó, con irritación de niño mimado a quien, con pasmo suyo, contrarían. La paleta se le caía de la mano izquierda; la diestra, con el pincel más sujeto, apenas le obedecía. Dio cuatro pinceladas, largas y vacilantes, desesperadas; cuatro alaridos mudos, ya desde los umbrales de la otra vida. Inolvidables pinceladas patéticas! ‘No puedo’, murmuró con lágrimas en los ojos. Quedó recogido en sí, como absorto en los residuos de luz de su inteligencia, casi apagada, de pronto, por un soplo absurdo e invisible, y dijo: ‘Qué haya un imbécil más, ¿qué importa al mundo?”

Ramón Perez de Ayala

Texto seleccionado por Antonio Ángel Barahona

jueves, 29 de octubre de 2009

Capítulo 81. Quid est veritas?


Lunes, martes, miércoles, jueves, viernes, sábado y domingo.

Mañana, tarde y madrugada.

Infancia, Madurez y vejez.

Separaciones humanas. El tiempo no existe. El bien y el mal tampoco.

Y, ¿la verdad?

lunes, 27 de abril de 2009

Capítulo 45. Tic-Tac



La dualidad en la vida.
Principio y fin.
Bien y mal.
Tic-Tac. Tic-Tac. Tic-Tac. Tic-Tac. Tic-Tac.
El ser humano ha creado al tiempo. Un tiempo que nos devora como pintó Goya. Un tiempo con un principio y un fin. Alfa y Omega. Tic y Tac.
Así transcurren nuestras vidas sin que nos demos cuenta. En un acto desesperado para acotar esa entelequia que es Cronos. Esa creación ficticia, en la que volcamos nuestros deseos más íntimos.
Tic-Tac. Tic-Tac. Tic-Tac. Tic-Tac. Tic-Tac.
Bien y mal.
Principio y fin.
La dualidad en la vida.