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lunes, 31 de mayo de 2010

Capítulo 115. Senador.


Tomó la copa entre sus manos. Vino especiado como otras veces con un ligero olor a almendras.
Se había puesto su mejor toga, con ella se había dirigido hacia poco más de un mes a los honorables respresentantes de la República. En su mayoría puteros y ambiciosos. Nobles patricios que habían convertidos sus vidas en nidos vacíos donde habitaban auténticas víboras, dispuestas a inocular veneno a sus propias madres. La política es así. Solían repetirse unos a otros mientras disfrutaban de los baños públicos.

¿Dónde estaba el ser humano? Mientras sus pensamientos iban y venían en el futuro de la República, su mano fría acercaba la copa a sus labios. Un pequeño sorbo al principio y luego entero hasta acabar el líquido ambarino.

Se sentó en el diván recorriendo con su mirada las estancias de su última morada terrena. El sueño le embargó mientras su respiración se esfumó en su suspiro. Sus pupilas contraídas por el veneno se expandieron al llegar las tinieblas.

Vacío. Un cuerpo inerte. Sabiduría putrefacta entre hueso y carne. Su último pensamiento: La vida es maravillosa.

Albano. 27 a.C.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Capítulo 73. Ruinas.


Al leer la carta no pudo reprimir las lágrimas. Era breve y concisa:
Querido hijo:
El pasado domingo nuestra casa fue destruida en un bombardeo. Tu madre y tus dos hermanas han muerto.
Tu padre.

Gustav se fue de la era donde descansaba junto con los demás muchachos de las Juventudes. Desde hacia unas semanas había abandonado Könisberg para servir a la Madre Patria, a mayor gloria del Führer. A sus catorces años Hitler veía en él la esperanza del Reich que estaba predestinado a durar mil años. En agosto comenzaron a cavar las trincheras que evitarían que la bestia roja traspasase las fronteras de la Prusia Oriental. Semanas de trabajos futiles y sin sentido de unos jóvenes lobotomizados por la máquina propagandística goebbeliana.

El camino de regreso a Könisberg fue en silencio.
¿Cómo hemos llegado a esto? ¿Dónde está la grandeza alemana?
Todo parecía distinto de cuando cuatro años atrás el ejército nazi creó la Gran Alemania. En esos pensamientos estaba Gustav cuando paró el coche paramilitar_Hasta aquí podemos llegar. Las demás vías a la ciudad han sido destruida por esos cabrones de la RAF_dijo el joven conductor de las SS.

Desde donde le dejó el coche hasta su caso andó perdido entre los escombros. Al llegar a la calle Kant recordó las historias que su madre le contaba del famoso filósofo que nació en esa casa que ahora sólo eran ruinas. Su casa no estaba lejos pero la sensación de ver la isla con la Catedral destruida, las casas de sus amigos haciendo equilibrios para mantenerse en pie y la sensación de hundimiento pudieron con él.

Gustav Hamann [18-08-1930 / 09-09-1944]
Otra de las víctimas de Adolf Hitler

lunes, 24 de agosto de 2009

Capítulo 71. El fuego


-Hermana, el fuego se acerca.
Una celda rectangular era testigo de una conversación atípica en una comunidad conventual donde al voto de silencio se le unían los de pobreza, castidad y obediencia.
Las campanas desde hacía unas horas no paraban de tañer insistentemente anuciándole a los apenas trescientos habitantes del pueblo el peligro que se aproximaba.
-A llegado la hora, Sor Eunice. Sacad las reliquias.
-¿Todas, Reverenda Madre?
-Todas.
La oración que a continuación se escuchó, no sólo sorprendió al resto de la comunidad femenina de la theotokos del Arca Santa, sino que se escuchó en todo el valle de las petaloúdes.
Como si de una llamada primitiva se tratase, a la voz grave y desafinada de la octogenaria Madre Helena se le fueron uniendo poco a poco las restantes setenta y seis voces que vivían allí.

En ese segundo donde la armonía sustituyó al caos, el revuelo provocado por el cielo naranja despareció y una fila ordenada por antiguedad comenzó a descender los treinta y tres escalones que llevaban a la cripta de la capilla bizantina. Un gigantesco pantocrátor señalaba la mandorla en donde ningún humano había puesto su mano en más de quinientos años. Desde 1453 el dorado del arca no había visto la luz del día.

Doce hermanas se dispusieron en el centro de la cripta. El ambiente cada vez más irrespirable dificultaba la respiración de las monjas más ancianas, pero el ritual ensayado pero nunca realizado siguió su curso. La Reverenda Madre comenzó a romper la primigenia forma de la mandorla, sagrada cavidad por donde surgió la vida.
El esfuerzo físico unido a la edad hicieron de esta pequeña tarea un sufrimiento que se transformó en una demora innecesaria.

Tras caer el último ladrillo la campana dejó de sonar. Eso sólo podía significar que el fuego había alcanzado el convento. Sin inmutarse por ello, las hermanas Lea, Raquel, Bilha y Zilpa en una especie de danza oriental consiguieron romper un velo ennegrecido y en otros tiempos púrpura, que se interponía entre la cripta y la habitación hasta ahora tapiada.

La última oración sirvió para que las doce hermanas que hasta ese momento se encontraban calladas en el centro de la cripta comenzaron una procesión hacia el interior de la habitación. De igual manera, las hermanas más jóvenes iniciaron otra marcha en sentido contrario subiendo los escalones que les llevaban a la iglesia.

Cuando las doce porteadoras salieron de la cripta la Madre Superiora arrodillada con voz grave recitó la oración transmitida de generación en generación:
"Tú eres el Arca de la Alianza. De tí nació lo Nuevo y Eterno que fue entregado para el perdón de los pecados".

miércoles, 15 de julio de 2009

Capítulo 65. Atracción por el mal


Observé sus viejas manos. Los huesos parecían construir un castillo de naipes acabado en uñas largas y amarillas. Sus venas azules, oscuras, casi negras serpenteaban por toda la piel desapareciendo debajo de esa roída bata.

Hacía más de cinco años que entré a su servicio. El gran maestro de la delicuencia juvenil solían llamarle. Nada más lejos de la realidad. Sus actividades llegaban hasta las altas esferas del poder. Muy pocos sabían que el alcalde era uno de sus consumidores de opio más solícitos y toda ley que podía afectar a sus negocios tenía que ser pasada por el despacho de Alfa.

Muy despacio se acercó la copa de vodka a sus labios y bebió.

-¿Qué te trae por aquí?
-Maestro, solicito hablar a su excelencia.
-Me temo que no es nada bueno lo que me tienes que contar. Habla.
-Creo que después de cinco años a su servicio he demostrado suficientes cualidades para ascender un grado superior...
-¡¡¿¿QUÉ??!! ¡¡¿¿TÚ CREES EL QUÉ??!!_Parecía disfrutar con esa mueca que realizaba a modo de sonrisa y ese brillo especial que estaban tomando sus ojos burdeos_HACE POCO HAS ASCENDIDO A BETA. NO PUEDES ASCENDER. ES IMPOSIBLE.
-Excelencia, el protocolo establece que una vez fallecido Alfa, el integrante de la hermandad con inferior rango debe sustituir de manera inmediata al Maestro. Es eso lo que vos hicisteis con su maestro. Yo como rango inferior exijo esa responsabilidad. ¿Excelencia?....¿Excelencia?...No sé cómo no notó el olor a almendras del vodka excelencia. Usted mismo me contó que con su maestro utilizó el whisky porque neutralizaba mejor el olor al cianuro y que desde ese intante rehusó beber whisky. ¿EXCELENCIA? ¡¡¿¿ME OYE??!!

En ese instante recordé las primeras palabras que Alfa me dedicó cuando entre como Omega: "Un maestro nunca debe enseñar todo lo que sabe a su aprendiz".

domingo, 10 de mayo de 2009

Capítulo 49. El rey


Bajó los escalones de madera con una lentitud propia de su rango.
Nunca antes nadie había vivido algo semejante. El ungido por Dios estaba a punto de ser ejecutado.
El sombrero con el que tantas veces lo había retratado van Dick, estuvo a punto de ser arrancado por el viento, presagiando lo que iba a ocurrir. Cuando acabó la pasarela, que se había levantado en pocas horas a las afueras del Whitehall, dijo sus últimas palabras:
-Paso de un mundo corruptible a uno incorruptible, donde se encuentra la paz, toda la paz posible.
En esos instantes, su vida pasó delante de sus ojos sin que un ápice de su musculatura facial se moviese. Él había sido educado para ser el representante de Dios en la tierra, la máxima autoridad competente. No podía mostrar sentimientos ante el pueblo.
Tras despojarse del anillo y el sombrero, se recogió su melena en un gorro de algodón, el mismo material del que estaban hechas sus dos camisas. Puestas una encima de la otra para que los ciudadanos de Londres no vieran a su monarca temblar por el frío.
Se arrodilló y puso su cabeza sobre el tronco de madera y mostrando su autoridad dijo al verdugo_Hágalo a mi señal_ Y así, se hizo. Con un leve gesto de su mano el encapuchado bajó el hacha, dándole un golpe certero que separó su cabeza del tronco. En esos últimos segundos de vida, Carlos I sintió como la gravedad atraía a su cabeza y todavía tuvo un corto pensamiento:
Rey por la Gracia de Dios.

lunes, 13 de abril de 2009

Capítulo 37. El rey David y Jonatán


En su juventud David, el que se convertería en el rey de Israel, conoció al hijo del rey Saúl, Jonatán, heredero de la corona por línea patrilineal. Nada más se vieron por primera vez se enamoraron y su relación ha sido signo de ocultamiento durante siglos por los rabinos hebreos.
La relación de ambos fue tan fuerte que tras la muerte trágica de Jonatán en la guerra, éste seguiría ocupando el corazón del pastor que mató a Goliat.
En estos fragmentos de la Biblia, aparece este amor universal, sentando las bases de una bendición divina de relaciones homosexuales:

"Apenas David terminó de hablar con Saúl, Jonatán se encariñó con él y llegó a quererlo como a sí mismo. Saúl lo hizo quedar con él aquel día y no lo dejó volver a la casa de su padre. Y Jonatán hizo un pacto con David, porque lo amaba como a sí mismo. Él se despojó del manto que llevaba puesto y se lo dio a David, y lo mismo hizo con su indumentaria y hasta con su espada, su arco y su cinturón. Siempre que salía de campaña, enviado por Saúl, David tenía éxito. Entonces Saúl lo puso al frente de sus hombres de guerra. David era bien visto por todo el pueblo y también por los servidores de Saúl." (I Samuel, 18)

El rey Saúl, que siente envidia de los triunfos del joven pastor quiere verlo muerto, pero cuando lo va a matar descubre la relación que mantiene con su hijo y heredero al trono y le insulta diciendo:

"¿Acaso no sé, que tu eres el amigo íntimo del hijo de Isaí, para vergüenza tuya y de tu madre?" (I Samuel, 20)

Y por último, la despedida y muerte de Jonatán:

"Vete tranquilo, pues el juramento que hemos hecho los dos ha sido en nombre del Dios, y hemos pedido que para siempre esté él entre nosotros dos y en las relaciones entre tus descendientes y los mios." (I Samuel, 20)
(...)
"David entonó este lamento por la muerte de Saúl y de su hijo Jonatán, y ordenó que se le enseñara a la gente de Judá. Este lamento se halla escrito en el Libro del Justo:
¡Jamás Saúl y Jonatán volvieron sin haber empapado espada y flechas en la sangre y la grasa de los guerreros valientes! Saúl y Jonatán, amados y queridos, ni en su vida ni en su muerte estuvieron separados. ¡Más veloces eran que las águilas! ¡Más fuertes que los leones!
¡Hijas de Israel lloren por Saúl, que las vestía de púrpura y lino fino, que las adornaba de brocados de oro! ¡Cómo han caído los valientes en el campo de batalla!¡Jonatán ha sido muerto en lo alto de tus montes! ¡Angustiado estoy por ti, Jonatán, hermano mío! ¡Con cuanta dulzura me trataste! Para mi tu cariño superó el amor de las mujeres.
¡Cómo han caído los valientes!¡Las armas han sido destruidas!"
(II Samuel, 1)