lunes, 31 de octubre de 2011

Capítulo 151. Gadafi.

Veo las imágenes de la muerte violenta de Gadafi y no siento alegría. Sé que ha sido un dictador cruel, que ha enfrentado a hermano contra hermano; un sátrapa que vivía en palacios de oro mientras la población moría de hambre, pero ese instante en el que la multitud lo zarandea, le agrede y lo mata, no me satisface.

En ese instante, recuerdo diferentes refranes que encierran una violencia atávica: "a cada cerdo le llega su San Martín", o la frase de "él que a hierro mata a hierro muere."

Y me he hecho la pregunta del porqué no me satisface este juicio sumarísimo y la condena popular a muerte. Y he llegado a mi conclusión personal de que quitar la vida a otra persona es un fracaso de la humanidad. A lo mejor, la humanidad que deseo no existe, sino que el hombre es un ser violento por naturaleza y en esas situaciones sale el instinto de supervivencia (o tú o yo).

¿Existe la humanidad tal como la anhelamos?
¿Es un espejo contraído, una esmeralda de Nerón o una cueva platónica?
¿Dónde miro? ¿Dónde busco?
¿Inexiste el anhelo tal como lo humanizamos?
¿Es un expandido reflejo, una Cruz de la Verdad o unas sombras absolutas?
Nunca encuentro. 
Siempre. 
Siempre. 
Siempre pierdo.

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