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domingo, 4 de octubre de 2009

Capítulo 79. Agujero negro.


Nunca he llegado a entender que son los agujeros negros. Son una realidad que escapa a mi intelecto.

Siempre me he imaginado que son como la cárcel en la que se encierran a los malos en Superman. Pero, ¿cómo se forma un agujero negro?; ¿qué ocurre en su interior?; ¿cómo es posible que hasta las partículas más pequeñas se queden en su interior y nunca más puedan salir? Son preguntas sin respuestas cómo tantas otras que tendremos a lo largo de nuestras efímeras vidas.

Mientras sigo pensando en los agujeros negros intendo dormirme. Quizás en sueños logro desentrañar el sentido de la vida.

Agujero negro: es una región del espacio-tiempo provocada por una gran concentración de masa en su interior, con un enorme aumento de la densidad, lo que provoca un campo gravitatorio tal que ninguna partícula material, ni siquiera los fotones de luz, pueden escapar de dicha región. Se cree que en el centro de la mayoría de las galaxias, entre ellas la Vía Lactea, hay agujeros negros supermasivos. La existencia de agujeros negros está apoyada en observaciones astronómicas, en especial a través de la emisión de rayos X por estrellas binarias y galaxias activas. (Fuente: wikipedia)

lunes, 29 de junio de 2009

Capítulo 61. Eppur si muove.


Esta noche mientras dormía tuve ganas de darme una vuelta por la Vía Láctea. No sabía que cogiendo un pequeño impulso y dando un gran salto podía entrar en el oscuro vacío del Universo.

Había oído hablar mucho de Mercurio, pero a mi me apetecía descansar en Venus. Ver su doble amanecer mientras aspiraba el Argón a sorbitos. Tenía un poco de frío. Los casi ochenta grados bajo cero de la noche me estaban congelando las pestañas y lo que no eran las pestañas…

Era impresionante ver el Sol salir, descender y volver a salir. Ufff, pero el Lorenzo apretaba mucho, Écija no era nada al lado de los casi sesenta grados a los que subió el termómetro. En ese momento corrí, corrí y corrí. Ahí estaba yo huyendo del calor corriendo hacia Neptuno.

En el camino me di un pequeño chapuzón en el Océano Índico para coger fuerza hacia el planeta azul. Volé, volé y volé pasando por Marte, Júpiter y Saturno. Observé a Ariel imaginándome a Sebastián cantando Bajo el mar.

Llegué al planeta del monarca marino y me di cuenta que en mi cama se estaba mejor.

Me despedí corriendo de Plutón, le di el pésame por el descenso a segunda y… me desperté.

Gracias Galileo por los sueños que nos has dado.