miércoles, 30 de diciembre de 2009

Capítulo 94. Pepino de mar.


Cuando vi por primera vez al pingüino sabía que podíamos llevarnos bien, nunca imaginé que la primera impresión que de mí se llevó fue malísima.
Conformen pasaban los años le enseñé claqué y eso, quieras que no, mejoró la cosa.

Ahoran quedan pocas horas para despedir la década y el pingüino desde su escritorio podrá contemplar su rostro en el viejo retrovisor de mi R5 muerto un día de San Juan.

Él sabe que aborrezco los pepinos de mar y, por ello, también los aborreció. Llegó a escribir que todo el mundo debería poner un Salvador en su vida e incluso bromeó sobre conquistar Estambul.

Nunca pude creer que un ser de nieve llegaría a tierras turcas, pero el pingüino y yo sabemos que algún día pasearemos por las calles de Constantinopla recreandonos en el zoco.

Nieve y agua nunca fueron buenos compañeros pero que es la nieve sin el agua y que es el agua sino nieve.

Cuando lo vi por primera vez, sabía que sería para siempre.


No hay comentarios:

Publicar un comentario