martes, 10 de marzo de 2009

Capítulo 24. La niña naranja


Todo el mundo se preguntaba en su pueblo como podía existir una niña con esa tonalidad de piel. Eso tenía que ser algo demoníaco. La niña tenía que estar poseida por algún espíritu de esos que habitaban en lo alto del monte donde en invierno hace más calor que en verano.

Un buen día la familia de Zulema, que así se llamaba la niña naranja, decidió casar a la joven de 8 años con un viejo pastor que había enviudado hacía poco y no tenía hijos.
El desposorio se concertó en las dos lunas siguientes. Ese día la niña naranja pasaría a ser casada, pero existía un pequeño problema y es que ella no quería. Por activa y por pasiva la niña rogó a su madre que no permitiera la boda, pero ella en lugar de apiadarse sólo llegó a pronunciar lo siguiente:
-Si no te casas. Yo mismo tiraré la primera piedra de tu lapidación. Demonio.

Así pasaron los días y las semanas, hasta que llegó el día del desposorio. La ceremonia trascurrió entre danzas y cantos, pero llegada la noche el silencio se adueñó del poblado y del corazón de Zulema. Al día siguiente, Zulema se despertó como de costumbre, pero el color de su piel se había transformado en blanco, un blanco cerúleo y de muerte. En ese momento decidió irse lejos de allí.

Para ello tuvo que atravesar desiertos y el monte donde en verano hace más frío que en invierno. En ese lugar, se dio cuenta que los diferentes eran los otros y no ella.


Hoy día, Zulema vive con un pasado difícil de olvidar, pero con un color en la piel por el que la reconocen todos sus vecinos: The orange woman.

Dedicado a todos los que buscan lo correcto y por lo derechos de las mujeres en todos los países.

1 comentario:

  1. interesante..saco bastantes moralejas de esto, y no sólo que esté dedicado a la mujer...
    ójala nos veamos pronto

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