domingo, 15 de noviembre de 2009

Capítulo 85. Muerto en sueños.


No recuerdo bien quiénes eran, pero huía de ellos. Supongo que serían una organización mafiosa porque utilizaban armas de gran calibre y manejaban muy bien los machetes. Uno de ellos me mató con uno. Pero vayamos por partes.

Desaparecí de mi casa y huía de ellos por toda Portugal. No terminaba de entender porque nadie me creía cuando explicaba que había unos negros que querían matarme. Muchos me tachaban de racista y la mayoría dio por sentado que estaba loco.

Tras varios meses de casa en casa, regresé a la mía harto de esconderme. Allí la cosa no mejoró. Psicológos y psiquiatras era la única medicina que podría curarme, según mis padres. Nadie en su sano juicio querría comprarse una máscara de gas. Este pensamiento paterno desembocó en una adicción por mi parte al orfidal, tras el lento peregrinaje por múltiples consultas y las noches en vela imaginándome que un tiro en la cabeza acabaría conmigo.

Por otro lado, la policía no me echaba ni la más mínima cuenta. Creían que me había escapado de mi casa un año para vivir un año de locura total.

Todo el ambiente cada vez era más opresivo. En algunas ocasiones actuaba como un loco y solo me dedicaba a sentarme en el balcón y ver pasar a la gente. Uno de esos día vi como un 4x4 se detenía en mi calle. Los cinco negros en ese momento llamaron mi atención. Era natural los estaba esperando desde hacía meses. Uno de ellos sacó un lanzamisiles manual. En ese instante todo se ralentizó.

Era como una película. Al ver el arma apuntandome, entré corriendo al salón, comenzando a chillar como un energúmeno. Mis padres alarmados me siguieron hasta su cuarto. Mi hermana, sin embargo, se metió en el aseo, como de costumbre, para terminar de arreglarse.
En el interior de la habitación me asomé a la ventana, pudiendo darme cuenta de como el negro giraba lentamente el arma hacia mi y se disponía a disparar. En ese justo momento, en el que mi padre ya tenía una inyección de morfina para inyectarmela, vio él mismo lo que tanto tiempo había estado contando sin que nadie me creyera. Sin salir de su asombro, lo empujé y tiré al suelo.

Mi madre que estaba en la puerta sin ver nada de lo que en el exterior sucedía, creía que iba a matar a mi padre, pero el pánico que en sus ojos podía notar se conviertió en miedo cuando la ventana que estaba tras de mi, estalló en mil pedazos y un misil se incrustaba en el piso de arriba atravesando el techo del cuarto.

La explosión hizo que el piso de arriba desapareciese sobre nuestras cabezas. No sé si lo que sentí podía llamarse adrenalina, pánico, miedo o supervivencia, pero tanto mi madre como yo, nos dispusimos a defender lo que quedaba de nuestra casa.

Las escaleras me parecían kilométricas. En mi mano los cuchillos del IKEA que acababa de coger de la cocina. Delante mía uno de los negros iba a comenzar a escalar por una cuerda. Sin que le diera tiempo a reaccionar le lancé uno de los cuchillo clavándoselo en la barriga. Ninguno de los que estaba en ese 4x4 esperaba una reacción por parte mía de ese calibre, a lo Rambo. Ni yo mismo creo que reaccionaría así. Al salir a la calle el escenario había cambiado. Dos negros estaban escalando hasta mi balcón, otra pareja iba a comenzar a hacerlo, mientras el quinto mantenía el motor en marcha. No sé cómo, pero en pocos segundo ya había cortado las dos gargantas que tenía en frente.

Al mirar atrás vi como la primera pareja de los asesinos a sueldo estaban llegando a mi balcón. No les había dado tiempo a percatarse que estaba abajo. En ese justo momento apareció mi madre con una olla exprés en la que estaba haciendo un potaje. El chillido y el golpe se sucedieron. No pudieron reaccionar. El contenido hirviendo cayó por la cuerda y tras él uno de los sicarios. El otro, recibió tal cantidad de ollazos que hizo que parte del cráneo cayera al suelo antes que él mismo.

Pero mientras miraba impresionado la violencia de una madre que defiende lo suyo. Sentí como si me quemará algo en el pecho. Era al primero de los negros que todavía con el cuchillo en el estómago me estaba clavando un machete enorme. El dolor fue tal que me desperté de un brinco en la cama.

Era extraño, pero todavía somnoliento pude saber que mis vecinos del tercero habían muerto al igual que yo. Que mi hermana había quedado sepultada muriendo al instante. Que mi padre tendido en el suelo de su cuarto entre cascotes vio como mataban a su hijo mientras seguía con la morfina en la mano y que mi madre había matado y rematado a los cinco asesinos a sueldo. A uno lo mató a ollazos, a otro rematandolo en el suelo tras quemarle todo el cuerpo con cocido hirviendo y a los otros tres que tenían heridas mortales con sus propias manos.

Muerto en sueños me he levantado esta mañana y lo peor de todo es que sigo sin saber el porqué.

domingo, 8 de noviembre de 2009

Capítulo 84. Garganta profunda (una experiencia espeleológica)


La cuerda entre las piernas, la izquierda inútil.
Poco a poco nos introducimos en la Madre.
Más y más en la profundidad sin luz.
Humedad y roca donde habitan las bestias.
Huesos y mierda.
Te encorvas, te arrastras, te enfangas.
La oscuridad total.
El silencio.
Los latidos de la Madre.
Al final el ascenso...
Pero mientras, espero al final del túnel.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Capítulo 83. Transverberación.


Vivo sin vivir en mí,
y tan alta vida espero,
que muero porque no muero.

Vivo ya fuera de mí,
después que muero de amor;
porque vivo en el Señor,
que me quiso para sí:
cuando el corazón le di
puso en él este letrero,
que muero porque no muero.

Esta divina prisión,
del amor en que yo vivo,
ha hecho a Dios mi cautivo,
y libre mi corazón;
y causa en mí tal pasión
ver a Dios mi prisionero,
que muero porque no muero.

¡Ay, qué larga es esta vida!
¡Qué duros estos destierros,
esta cárcel, estos hierros
en que el alma está metida!
Sólo esperar la salida
me causa dolor tan fiero,
que muero porque no muero.

¡Ay, qué vida tan amarga
do no se goza el Señor!
Porque si es dulce el amor,
no lo es la esperanza larga:
quíteme Dios esta carga,
más pesada que el acero,
que muero porque no muero.

Sólo con la confianza
vivo de que he de morir,
porque muriendo el vivir
me asegura mi esperanza;
muerte do el vivir se alcanza,
no te tardes, que te espero,
que muero porque no muero.

Mira que el amor es fuerte;
vida, no me seas molesta,
mira que sólo me resta,
para ganarte perderte.
Venga ya la dulce muerte,
el morir venga ligero
que muero porque no muero.

Aquella vida de arriba,
que es la vida verdadera,
hasta que esta vida muera,
no se goza estando viva:
muerte, no me seas esquiva;
viva muriendo primero,
que muero porque no muero.

Vida, ¿qué puedo yo darle
a mi Dios que vive en mí,
si no es el perderte a ti,
para merecer ganarle?
Quiero muriendo alcanzarle,
pues tanto a mi Amado quiero,
que muero porque no muero.

[Teresa de Cepeda y Ahumada]

domingo, 1 de noviembre de 2009

jueves, 29 de octubre de 2009

Capítulo 81. Quid est veritas?


Lunes, martes, miércoles, jueves, viernes, sábado y domingo.

Mañana, tarde y madrugada.

Infancia, Madurez y vejez.

Separaciones humanas. El tiempo no existe. El bien y el mal tampoco.

Y, ¿la verdad?

lunes, 26 de octubre de 2009

Capítulo 80. Las Tinieblas


En las profundidades de la tierra, en la oscuridad absoluta, sin caminos y sin horizonte, avanza una lombriz perforando un túnel en el barro con el único órgano que posee, su boca y su ano; no tiene ojos, ni olfato, solo tacto, sabe que el sol la hiere y la puede matar.

Ella simplemente es un tubo orgánico que vive y procrea, y a la vez perforando sin destino conocido, fecunda el suelo y el subsuelo.

Ella tiene un solo pensamiento: "Las tinieblas existen, luego vivo en las Tinieblas."

Lentamente razona que lo único que existe es la oscuridad de su noche eterna.

Ese es su mundo: las Tinieblas.



Ese mundo negro le da vida, una etapa superior de la materia, ella es feliz, al perforar come tierra y excreta humus, esencial para la vida vegetal y continuación de la vida planetaria, ya que no existe otro fertilizante que lo supere.

Ella está feliz, es el primer eslabón en la cadena de putrefacción subsistencia y procreación, pero ella no lo sabe.

Solo sabe que lo único que tiene existencia es ella y sus queridísimas tinieblas.

Rodolfo Cepeda

Texto seleccionado por Noelia Escarramán.

domingo, 4 de octubre de 2009

Capítulo 79. Agujero negro.


Nunca he llegado a entender que son los agujeros negros. Son una realidad que escapa a mi intelecto.

Siempre me he imaginado que son como la cárcel en la que se encierran a los malos en Superman. Pero, ¿cómo se forma un agujero negro?; ¿qué ocurre en su interior?; ¿cómo es posible que hasta las partículas más pequeñas se queden en su interior y nunca más puedan salir? Son preguntas sin respuestas cómo tantas otras que tendremos a lo largo de nuestras efímeras vidas.

Mientras sigo pensando en los agujeros negros intendo dormirme. Quizás en sueños logro desentrañar el sentido de la vida.

Agujero negro: es una región del espacio-tiempo provocada por una gran concentración de masa en su interior, con un enorme aumento de la densidad, lo que provoca un campo gravitatorio tal que ninguna partícula material, ni siquiera los fotones de luz, pueden escapar de dicha región. Se cree que en el centro de la mayoría de las galaxias, entre ellas la Vía Lactea, hay agujeros negros supermasivos. La existencia de agujeros negros está apoyada en observaciones astronómicas, en especial a través de la emisión de rayos X por estrellas binarias y galaxias activas. (Fuente: wikipedia)