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sábado, 18 de febrero de 2012

Capítulo 158. Mañana.

Mañana me levantaré en una tierra sin nombre.
El dolor y la muerte habrán pasado.
Pero será mañana.

Un día en el que el hombre será Hombre,
en el que la paz será Paz.
Pero será mañana.

Las nubes nocturnas siempre dejan paso a la Luz.
Mañana el miedo morirá, al igual que la ira.
Pero será mañana.

Y mientras la espero, le digo al hoy que me deje vivir el mañana.
Algún día será,
pero será mañana.

martes, 14 de febrero de 2012

Capítulo 157. D'Artagnan.



They were sad to leave, but they had no choice. D'Artagnan was their pet since Peter took his First Communion. The dog was a little animal, very smooth and it never used to bark. Peter and D'Artagnan were a perfect couple. Every weekend his family used to go to Mayflower. This was a country house with more than 60 rooms.

Peter's father was a Lord, the Earl of Lancaster, and always said: "A gentleman needs a dog; and a dog needs a master. Peter, never forget this"

Three years later, Peter had a terrible accident. He fell off his horse, Montalban-a spanish horse-, and broke his spine. The death appeared in the Lancaster House. The hier died at only fourteen years old.

Peter's mother, Anne, blamed D'Artagnan for the death of her son, and she wanted to kill the pet. Charles Lancaster told with his wife off for this petition because he felt that D'Artagnan was a part of his son. And this was true because when Peter was buried, the pet never returned to Mayflower. D'Artagnan was over the tomb of his master. It never left this place. The place where its master and best friend was.

jueves, 15 de diciembre de 2011

Capítulo 154. El peor momento.

Creo que es una herida que no cierra nunca o nunca va a cerrar. Hoy lo he vuelto a revivir, he vuelto a ver la cara de mi madre. La misma que nos felicita las Navidades hablando de Miki y Nadal. En esa ocasión no había sonrisas, solo fortaleza. Ella es una roca que aguanta las embestidas de la vida, pero yo no estaba preparado para esas tres frases:
-Tiene cáncer. Le han descubierto tumores en la cabeza y se ha extendido por todo el cuerpo. Tu tía se muere.

Esas palabras hicieron que mi mundo donde la realidad era como un musical, desapareciese y en su lugar un vacío, un vacío tan grande que a día de hoy sigue.

Vacío en el que no tarda en aparecer un ¿por qué?, un  ¿por qué ella?

Recuerdo sombras de un recorrido, entre el Hospital Virgen del Rocío y el Parque Atlántico, en donde mi respiración desapareció. Estaba contenida en un grito sin sonido, en un llanto sin lágrimas. María José me sostuvo, literalmente, en ese momento. El servicio y la constancia personificada. Ella, sin saberlo, llenó parte de ese agujero sin fondo. Fue el peor momento de mi vida, una sentencia sin esperanza.

 Después vinieron las visitas diarias, la alegría fingida, la careta obligada. Todos aprendimos a actuar en un sufrimiento interiorizado, enquistado. Pero eran vivencias en donde aprovechabas los segundos con ella, tanto yo como tantas y tantas personas que se acercaron al cáncer.

Tres años después sigo asfixiándome. Siguen resonando ese trío de frases. Esos dardos que hicieron que abandonara a tortazos la juventud y cayera de bruces en la realidad de una madurez indeseada. 

Aún así, el peor momento de mi vida queda eclipsado por las últimas palabras que me dirigió mi tía mientras brindábamos por el año nuevo:
-Ahora ve a la fiesta y disfruta.

sábado, 12 de marzo de 2011

Capítulo 136. Reflexión nocturna.

Ves a las personas que agonizan en el interior de los coches mientras se ahogan. A otras, salvarse por los pelos de morir aplastadas por cascotes. Escuchas viejas historias de cunas caídas y noches en vela. Y te preguntas: ¿qué puedes hacer ante ello? Miedo, aceptación, resignación...

Todos moriremos. Mañana o pasado.

El problema es morir ayer. Fotografías en blanco y negro. No conoces a nadie. ¿Quiénes son?

Todos moriremos. Hoy o futuro. Nunca o siempre.

¿Qué hacer ante la muerte? Ante la muerte solo nos queda morir. Y, ¿ante la vida? Ante la vida solo nos queda morir. Y, ¿ante la ola? Ante la ola solo nos queda morir. Y, ¿el amor? Muerto. Y, ¿la alegría? Muerta.

Muerte azul, muerte, muerte, muerte... Y tras la muerte, vida. Siempre muerte y vida. Vida y muerte. No hay muerte sin vida, ni vida sin muerte.

Acéptalo. Hoy, mañana, nunca o siempre.

sábado, 10 de abril de 2010

Capítulo 108. Es la soledad.


No es bueno que el hombre este solo.
La muerte es un paso que daremos todos y es algo que me preocupa menos. Algo que tengo asumido desde la infancia, pues con diez años ya pensaba en ese último momento. Podríamos decir que tuve una epifanía temprana. La teoría del velo algún día la dejaré por escrito porque va unida a esta epifanía personal de vida y muerte.
Retomando el tema principal, como digo la muerte es un hecho que me preocupa menos en comparación con la soledad. La soledad es algo que me aterra. Mi visión de muerte solo, sin nadie, es a lo que más temo. Quiero morir rodeado de familia y amigos, aunque esto es algo que parece secundario, ya que la muerte es un acto individual, para mí no lo es. Necesito del cariño de otras personas, soy un mendigo del amor. Por eso en días como hoy, donde la soledad me ha invadido por completo, me asalta el terror de un futuro de soledad frente a un futuro compartido en el que ame y sea amado.
¿Lo conseguiré?
Y vio Dios que era bueno.

sábado, 2 de enero de 2010

Capítulo 95. El trance del dolor.

“Una espada atravesará tu corazón”


El aire desaparece de tus pulmones. El frío azulea las mejillas.

El dolor no tiene forma.

El dolor no tiene día porque no entiende de fechas.

La noticia es áspera. Desgarra la garganta. Seca los ojos.

Es el trance del dolor.


“¿Por quién lloráis?”


Cada aspiración es una expiración en sí misma. La fuerza desaparece de tus músculos.

Pasa un día y el dolor continúa.

Pasa una semana y el dolor continúa.

Al llegar el año, el dolor olvidado reaparece.

El recuerdo amarga. Eriza el cabello. Encanece el rostro.

Es el trance del dolor.


“Esa herida nunca sanará del todo”


Olvidas hasta tu nombre pero un día lo recuerdas. Empuñas de nuevo el día a día.

Sigues tú camino sin olvidar el suyo.

Sigues su camino sin olvidar el tuyo.

Sigues el camino olvidando el destino.

Su rostro te ilumina. Su mirada te sana. Su tacto te embarga.


Es el trance del dolor. Es la vuelta a la esperanza.

domingo, 15 de noviembre de 2009

Capítulo 85. Muerto en sueños.


No recuerdo bien quiénes eran, pero huía de ellos. Supongo que serían una organización mafiosa porque utilizaban armas de gran calibre y manejaban muy bien los machetes. Uno de ellos me mató con uno. Pero vayamos por partes.

Desaparecí de mi casa y huía de ellos por toda Portugal. No terminaba de entender porque nadie me creía cuando explicaba que había unos negros que querían matarme. Muchos me tachaban de racista y la mayoría dio por sentado que estaba loco.

Tras varios meses de casa en casa, regresé a la mía harto de esconderme. Allí la cosa no mejoró. Psicológos y psiquiatras era la única medicina que podría curarme, según mis padres. Nadie en su sano juicio querría comprarse una máscara de gas. Este pensamiento paterno desembocó en una adicción por mi parte al orfidal, tras el lento peregrinaje por múltiples consultas y las noches en vela imaginándome que un tiro en la cabeza acabaría conmigo.

Por otro lado, la policía no me echaba ni la más mínima cuenta. Creían que me había escapado de mi casa un año para vivir un año de locura total.

Todo el ambiente cada vez era más opresivo. En algunas ocasiones actuaba como un loco y solo me dedicaba a sentarme en el balcón y ver pasar a la gente. Uno de esos día vi como un 4x4 se detenía en mi calle. Los cinco negros en ese momento llamaron mi atención. Era natural los estaba esperando desde hacía meses. Uno de ellos sacó un lanzamisiles manual. En ese instante todo se ralentizó.

Era como una película. Al ver el arma apuntandome, entré corriendo al salón, comenzando a chillar como un energúmeno. Mis padres alarmados me siguieron hasta su cuarto. Mi hermana, sin embargo, se metió en el aseo, como de costumbre, para terminar de arreglarse.
En el interior de la habitación me asomé a la ventana, pudiendo darme cuenta de como el negro giraba lentamente el arma hacia mi y se disponía a disparar. En ese justo momento, en el que mi padre ya tenía una inyección de morfina para inyectarmela, vio él mismo lo que tanto tiempo había estado contando sin que nadie me creyera. Sin salir de su asombro, lo empujé y tiré al suelo.

Mi madre que estaba en la puerta sin ver nada de lo que en el exterior sucedía, creía que iba a matar a mi padre, pero el pánico que en sus ojos podía notar se conviertió en miedo cuando la ventana que estaba tras de mi, estalló en mil pedazos y un misil se incrustaba en el piso de arriba atravesando el techo del cuarto.

La explosión hizo que el piso de arriba desapareciese sobre nuestras cabezas. No sé si lo que sentí podía llamarse adrenalina, pánico, miedo o supervivencia, pero tanto mi madre como yo, nos dispusimos a defender lo que quedaba de nuestra casa.

Las escaleras me parecían kilométricas. En mi mano los cuchillos del IKEA que acababa de coger de la cocina. Delante mía uno de los negros iba a comenzar a escalar por una cuerda. Sin que le diera tiempo a reaccionar le lancé uno de los cuchillo clavándoselo en la barriga. Ninguno de los que estaba en ese 4x4 esperaba una reacción por parte mía de ese calibre, a lo Rambo. Ni yo mismo creo que reaccionaría así. Al salir a la calle el escenario había cambiado. Dos negros estaban escalando hasta mi balcón, otra pareja iba a comenzar a hacerlo, mientras el quinto mantenía el motor en marcha. No sé cómo, pero en pocos segundo ya había cortado las dos gargantas que tenía en frente.

Al mirar atrás vi como la primera pareja de los asesinos a sueldo estaban llegando a mi balcón. No les había dado tiempo a percatarse que estaba abajo. En ese justo momento apareció mi madre con una olla exprés en la que estaba haciendo un potaje. El chillido y el golpe se sucedieron. No pudieron reaccionar. El contenido hirviendo cayó por la cuerda y tras él uno de los sicarios. El otro, recibió tal cantidad de ollazos que hizo que parte del cráneo cayera al suelo antes que él mismo.

Pero mientras miraba impresionado la violencia de una madre que defiende lo suyo. Sentí como si me quemará algo en el pecho. Era al primero de los negros que todavía con el cuchillo en el estómago me estaba clavando un machete enorme. El dolor fue tal que me desperté de un brinco en la cama.

Era extraño, pero todavía somnoliento pude saber que mis vecinos del tercero habían muerto al igual que yo. Que mi hermana había quedado sepultada muriendo al instante. Que mi padre tendido en el suelo de su cuarto entre cascotes vio como mataban a su hijo mientras seguía con la morfina en la mano y que mi madre había matado y rematado a los cinco asesinos a sueldo. A uno lo mató a ollazos, a otro rematandolo en el suelo tras quemarle todo el cuerpo con cocido hirviendo y a los otros tres que tenían heridas mortales con sus propias manos.

Muerto en sueños me he levantado esta mañana y lo peor de todo es que sigo sin saber el porqué.

domingo, 27 de septiembre de 2009

Capítulo 78. La sonrisa.


Mientras releía los cambios una y otra vez, solo recordaba aquellas palabras que en Fátima le dijo Lucía.
Al principio, fue miedo lo que le produjo aquella revelación pero, poco a poco, la sonrisa regresó a su rostro. La turbación y el desconcierto dieron paso a la aceptación de su misión.
Duraría poco. Lo sabía. Incluso en el momento en el que aceptó lo sabía.
_Esto no puede seguir así. Esto no puede seguir así._

Humildad, humildad y humildad. Tres máximas que se marcó.
Era extraño ver a un párroco de pueblo en la silla gestatoria.
Era extraño verlo en un trono conversando con los niños.
Quizás quería cambiar muchas cosas, demasiadas. Supongo que así pensarían Villot y Marcinkus; la mafia y la logia P2. Demasiadas cosas, demasiadas cosas.

_Humildad, ese es el espíritu. Humildad. El cambio será gradual. Poco a poco.
Pobre Nikodim. Que no me haya coronado a desagradado mucho a Siri. Pronto sabrán que es solo el principio. El principio. El princi..._

El Papa Juan Pablo, sólo reinó 33 días pero en el transcurso de ellos se intuyó un cambio que podría haber reactualizado la Iglesia. Reactualización que hoy día todavía no se ha dado.
Embolia pulmonar o complot lucrativo. Nunca se sabrá. Lo que es cierto, es que la esperanza en él depositada se rompió aquel día y nadie ha sabido recomponerla.
De Luciani, por nuestra parte, sólo recordaré una cosa: Su Sonrisa.

miércoles, 5 de agosto de 2009

Capítulo 69. La mina


El agobio que sentí al bajar fue inmenso.
Barrabás se quedo ciego y yo no veía nada.
Vi la luz al final del túnel, pero el túnel del final resultó ser un engaño.
No había mina ni había túnel.
No había mineros.
No había nada.
El gas era inoloro.
El canario no cantaba.
Ya no había nada, no había nada.

viernes, 5 de junio de 2009

Capítulo 57. ¿Quién hablará de mí cuando haya muerto?

La muerte es algo cercano, diario y natural.

En muchas ocasiones pienso que en cualquier momento podemos dejar la vida, y lo que es más grave aún, por la puerta de atrás.

En ese instante, nos plantearemos si hemos disfrutado de la vida y sobre todo si hemos hecho disfrutar a nuestros familiares y amigos de ella.

Creo que lo mejor será que cuando mi cuerpo frío e inerte sea preparado para el final, todos los que me conocieron no se entristecieran sino que recordaran lo mejor de mí.

Somos seres imperfectos que tendemos a la perfección, y en algunas ocasiones seres perfectos que tendemos a la imperfección.

Esta noche pienso en ti. No creo que seas oscura ni tétrica, ni tampoco lo contrario. Simplemente eres, eras y serás.

Los ciclos comienzan y terminan. Y sin darme cuenta seré "era" y no "soy".