jueves, 15 de diciembre de 2011
Capítulo 154. El peor momento.
miércoles, 24 de febrero de 2010
Capítulo 100. Noche inolvidable.
Noche inolvidable
En calle arriero
el comer fue lo primero
de tantas cosas comimos
más el vino que bebimos
la noche se nos pasó
tan felices y contentos
como un gran soplo de viento.
La Marta sacó de adentro
un equipo de Ballet
tan guapa dentro de él
que se olvidó de comer.
Su padre también cantó.
La Reme le acompañó.
Y Alfonso, Manolo, y yo
nos dimos cuenta del caso
cuando dieron un portazo
y un vecino que llamó
diciendo se suspendieran
que sino no duermo yo.
(29-04-1988)
sábado, 2 de enero de 2010
Capítulo 95. El trance del dolor.
“Una espada atravesará tu corazón”
El aire desaparece de tus pulmones. El frío azulea las mejillas.
El dolor no tiene forma.
El dolor no tiene día porque no entiende de fechas.
La noticia es áspera. Desgarra la garganta. Seca los ojos.
Es el trance del dolor.
“¿Por quién lloráis?”
Cada aspiración es una expiración en sí misma. La fuerza desaparece de tus músculos.
Pasa un día y el dolor continúa.
Pasa una semana y el dolor continúa.
Al llegar el año, el dolor olvidado reaparece.
El recuerdo amarga. Eriza el cabello. Encanece el rostro.
Es el trance del dolor.
“Esa herida nunca sanará del todo”
Olvidas hasta tu nombre pero un día lo recuerdas. Empuñas de nuevo el día a día.
Sigues tú camino sin olvidar el suyo.
Sigues su camino sin olvidar el tuyo.
Sigues el camino olvidando el destino.
Su rostro te ilumina. Su mirada te sana. Su tacto te embarga.
Es el trance del dolor. Es la vuelta a la esperanza.
viernes, 20 de noviembre de 2009
Capítulo 87. El trastero.
Ese el estado en el que me encuentro.
Muñecas chochonas,
pasaportes,
curros y vajillas,
maletas y crucifijos,
Holas y Semanas,
películas y facturas,
pamelas y camas,
ropa y tambor,
puros y pintura.
Esa es mi vida.
Trasteando, trasteando.
martes, 19 de mayo de 2009
Capítulo 53. El graduado
Mientras hablaba con él, los recuerdos me vinieron como una cascada: rápidos y cayendo en el vacío.
Ese día los nervios no me dejaron hasta bien entrada la noche. Estrenaba traje y corbata. Organizaba el acto y para más inri daba el discurso de graduación junto a mi amiga.
Terminaba una época y comenzaba otra.
Cartas que había manuscrito semanas antes fueron llegando a sus destinatarios.
Fueron minutos, aún sin darme cuenta, que se han grabado entre los surcos de mi alma.
Los compañeros se despedían. Los amigos se saludaban.
Si me preguntaran que recuerdo de mi graduación diría que el gris y el verde.
Gris por la banda que me impusieron y verde por el vestido que llevaste junto a mí.
Y, sobre todo, diría que mi graduación fueron tus ojos. Ojos que se iluminaron al recordar tus bocadillos. Ojos que mirando fijamente me dijeron el orgullo que sentías.
Hoy, mientras hablaba con él me acordé de Ti. No lo puedo evitar. Sigues estando viva en mis recuerdos.
sábado, 24 de enero de 2009
Capítulo 1. Recuerdos de un día cualquiera

Son las ocho de la mañana y como de costumbre suena el despertador. Mientras pongo mi maquinaria a punto, ella ya hace rato que se ha levantado y me ha preparado el desayuno y un pequeño tentempié para el mediodía.
Las horas pasan pesadas en
