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miércoles, 26 de octubre de 2011

Capítulo 150. Sin título.


Estaban los tres sentados, uno junto al otro.  La niña, de unos 12 años, en medio de los dos padres. Parecían gente de otro tiempo, de otro mundo. Gordos por encima de lo saludable, redondos, ni una sola recta en sus cuerpos. Vestidos en chándal-pijama a la moda de los 80, las mujeres con coletas largas y rubias, el padre con el pelo sucio y mal cortado. Los tres eran rojos, como hinchados, como rellenos de crema y chocolate y hamburguesas.

No hablaban, no miraban alrededor, los ojos fijos en el  horizonte insípido de la ventanilla del metro, con la boca abierta, embobados en la nada o quizá en algún pensamiento del color de la nada  en el que no se puede atisbar, porque hay gente que parece que no tiene pensamientos o los tienen y se diluyen antes de hacerse conscientes, como aire.

Yo los miraba sin terminar de creerme que estuvieran allí, entre ejecutivos y secretarias de tacón alto que hacían como que los ignoraban mientras los observaban por  el rabillo del ojo, indiferentes pero un poco asqueados por su mirada estúpida, como de vaca, por sus curvas infinitas, pensando seguramente en todas las patatas fritas que esa familia comía y que ellas no probaban desde que se miraron en el espejo con ojos nuevos y crueles  a los 14 años.

Y  ocurrió: la niña vio el cartel de propaganda que había en la pared del metro, donde una chinche gigante amenazaba con invadir las camas del que no comprara fundas especiales. La niña miró a la chinche, la chinche miró a la niña, la niña miró a la madre y las dos le señalaron al padre el cuerpo transparente  y desagradable de la chinche.  Los tres rieron con una complicidad única, de esas que no necesita palabras, como de un secreto que sólo ellos conocían. Entonces las elegantes ejecutivas  miraron con envidia a  esos hijos de la verdadera América que no necesitaban palabras vacías ni ropas de diseño para salir de la soledad de sus exitosas  vidas.  

Kontratiempo

jueves, 17 de septiembre de 2009

Capítulo 76. Desvivirse


La Real Academia Española dice de esta palabra:
Mostrar incesante y vivo interés, solicitud o amor por alguien o algo.

Pero para mí no es necesario definiciones frías y académicas pues su significado lo he descubierto con el paso de los años gracias a mi hermana.

sábado, 12 de septiembre de 2009

Capítulo 74. El árbol I


En el siglo XIX, Manuel Calzado casó con Carmen Rueda, de cuya unión nació Manuel Calzado Rueda, esposo que fue de Emilia Álvarez Calzado, hija de Eligio Álvarez y de Concepción Calzado.
De la unión de Manuel Calzado Rueda y Emilia Álvarez Calzado nacería en 1911 Manuel Calzado Álvarez, esposo que fue de Remedios Reyes Escamilla, hija de Eduardo Reyes Ruíz y Remedios Escamilla Caballero.
De la unión de Manuel Calzado Álvarez y Remedios Reyes Escamilla, nacería en 1945 mi madre, Remedios Calzado Reyes, esposa de Manuel Ramírez Granado, hijo de Francisco Ramírez Luque y Dolores Granado Cejudo.
De la unión de Remedios Calzado Reyes y Manuel Ramírez Granado nacerían cinco hijos, siendo el que escribe el más pequeño de ellos.